Este sitio utiliza cookies.

Si sigue navegando, usted acepta su uso.

Acepto

Mota del Cuervo posee un gran legado arquitectónico histórico, el cual puede ser dividido en cuatro partes:


La Mancha no es una zona muy propicia para la construcción de grandes castillos, sin embargo no faltaban reductos de fortificaciones dada la situación bélica al comienzo de la repoblación de este territorio.

Las Visitas de la Orden de Santiago narran la situación de ruina en que se encontraban y los visitadores se esfuerzan por hacer llegar al Rey la necesidad de reconstruir algunas fortalezas con una visión feudal que estaba llegando a su fin. Por ello en las últimas visitas se desiste ya de este afán, cuando su inutilidad es obvia.

También describen con frecuencia el empeño que los visitadores ponían en reconstruir las murallas caídas. En el caso de Mota mencionan y visitan en 1478 la fortaleza de la Mota “que está en el centro de la dicha villa, derrocada, la cual se derrocó por mandato del marqués de Villena puede haber tres años poco más o menos, la qual derrocó el concejo de la Mota por su mandado”

Hay que tener en cuenta que los territorios de la Mancha santiaguista se dividían en villas de cuatro clases: Alcaidías, Encomiendas, Anejos y Villas dependientes de la dignidad de Uclés.

En 1478 formaban la Alcaidía de la Mancha los lugares de La Mota, Villanueva, la Puebla de Don Fadrique y el Quintanar. Es difícil establecer el momento de la constitución de esta alcaidía-encomienda, pero todas las localidades que la formaban tenían en común el haber sido pobladas nuevamente en el siglo XIV. Sólo La Mota y Quintanar estaban cercadas. Puede que esta “cerca” tenga relación con el recinto amurallado de la iglesia que algunos autores mencionan.

En el último tercio del siglo XVI, y según las Relaciones Topográficas de Felipe II, Mota no tiene cercas ni murallas y no hay castillo, ni fortaleza, ni casa fuerte. Sin embargo, sí había alcaidía.

En el Catastro de Ensenada (1752), para localizar un molino sobre el que la Alcaidía cobra el “mencal” y distinguirlo de otros molinos que se ubicaban en la loma del término de la villa, se menciona el paraje donde antiguamente estaba situado el castillo de la dicha Alcaldía.

A mediados del siglo XIX, Pascual Madoz afirma que en la cima de la montaña –a la falda de la cual se encuentra el pueblo- hubo un castillo perteneciente a los caballeros de la Orden de Santiago, donde, según tradición, celebraron algunas asambleas.

Según los datos aportados a lo largo de los siglos, nos queda la duda de si en Mota hubo más de un castillo: uno en el centro de la villa y otro en la sierra donde actualmente se alzan los molinos de viento. La calle del castillo corrobora esta última hipótesis, aunque cabe pensar que se tratara simplemente de una atalaya o torre vigía, más semejante a la que aparece en el propio escudo municipal.


Este patrimonio lo compone el conjunto de edificios y monumentos públicos pertenecientes a la ciudad o a los ciudadanos.

Conjunto Urbano

El conjunto urbano de Mota del Cuervo lo conforman destacados edificios, calles y plazas que forman a su vez subconjuntos de gran interés. Así, destaca el delimitado por la Plaza de Cervantes y la Plaza de la Tercia, con calles y plazas con edificación de calidad como la propia Tercia. Otro grupo interesante es el desarrollado en torno al Ayuntamiento o el que constituye el propio espacio de la Iglesia Parroquial, cercado con un curioso pretil.

Todo el casco urbano está salpicado de casas señoriales de los siglos XVII, XVIII y XIX, con distribuciones de huecos según la tradición manchega y escudos nobiliarios en las portadas de acceso, lo que demuestra la importancia de Mota del Cuervo a lo largo de su historia. Algunas de las casas más destacables las encontramos en la calle Mayor Baja (Casa de los Condes de Campillos, Escudo de la Casa de Fray Alonso Cano), en la calle Ramón y Cajal (especialmente los nº 2 y 4), en la Plaza Mayor y en la Plaza de Cervantes.

Los acontecimientos políticos van a cambiar alternativamente la nomenclatura de la hoy llamada Plaza Mayor. Se denominó Plaza de la Constitución (1870), de la República, del Caudillo, para definitivamente adoptar el nombre primitivo. Destacan algunos de los edificios de su entorno como el Ayuntamiento y el Juzgado de Paz.

La Plaza del Mercado era la antigua Plaza del Toril o del Coso, llamada así por estar destinada a los festejos taurinos. Está compuesta por casas solariegas que con el tiempo se han sido remodelando, y que pertenecían a nobles o a hidalgos. Mota contaba con una Bula papal sobre la corrida de dos toros durante la festividad de San Miguel, y sabemos que ya se celebraban en el siglo XVI. Posiblemente la feria franca concedida por el Rey en 1750 y que se celebraba durante los tres primeros días de septiembre, se ubicaba en esta plaza. En ella se comerciaba con ropas de seda, paños, platerías, mulas, etc. En 1922 pasó a llamarse Plaza de Cervantes


La Plaza del Verdinal es otro de los espacios abiertos de Mota del Cuervo y allí se ubica el llamado Convento de los Trinitarios, del que pocas noticias se tienen. En la actualidad el edificio está dividido en dos viviendas particulares, por lo que su primitiva estructura está muy alterada.
 
Plaza de Francisco Ruiz Jarabo. Es el centro neurálgico del Barrio de Santa Rita, una de las ampliaciones del municipio que se realizaron en los años cincuenta. En torno a ella se encuentran las escuelas públicas, la Ermita de Santa Rita, el Centro de Salud y el Centro Social Polivalente. El molino levantado en uno de los extremos de la plaza se construyó en 1997.



Fuera del casco urbano propiamente dicho requiere mención especial el conjunto de los siete Molinos de Viento situados en la Sierra, de gran interés paisajístico por su tipología, su estructura y su funcionalidad. Los de Mota han sido acertadamente restaurados para evitar su ruina y se han convertido en un símbolo del pueblo y de La Mancha, por ser la imagen viva de una forma de vida y de producción pasada que perdura en nuestros días.


 

Ayuntamiento de Mota del Cuervo, está enclavado en el centro neurálgico del casco urbano, la Plaza Mayor. Se afirma que primitivamente el edificio era un monasterio de monjes y que el actual Ayuntamiento está emplazado sobre su iglesia, aunque no se ha encontrado fuente alguna que lo confirme. La parte del edificio ocupado actualmente por la casa de Cultura correspondía a la cárcel.

 

Destaca por su elegancia la cúpula de media naranja rebajada sobre pechinas con decoración del siglo XVIII policromado que cubre el despacho de la Alcaldía. La torre, restaurada a finales de 1999, es de mampostería con sillares en los ángulos de los cuerpos y en el superior tiene arcos de medio punto en cada cara. Tiene una inscripción en la cara que mira hacia la plaza y como a unos tres metros del suelo, con la fecha de 1731.
La última remodelación del Ayuntamiento se llevó a cabo en los años ochenta.


La casa señorial de la Calle Mayor, junto al Ayuntamiento está datada epigráficamente según podemos comprobar en la parte derecha de la fachada, justo detrás de la bajante: “Año 1778”.


Se ha destinado a lo largo del tiempo a servicios municipales, escuelas públicas, sede de la Jefatura Local del Movimiento. En la actualidad alberga el Juzgado de Paz, la Policía Local y la Escuela de Música.

Es un edificio entre medianeras, de tres alturas: baja, principal y ático. Tiene tres puertas adinteladas-dóricas y la central hace los quiebros habituales de un barroco combinando su moldura con el balcón superior. Destacan los huecos en sillería y las rejas de las ventanas.

Se restauró en 1990.

Casa Señorial de los Condes de CampillosLa casa señorial de los Condes de Campillos, está situada en la calle Mayor Baja, número 8 y hace esquina con la calle Hospital.
Se desconoce la fecha de construcción de esta casa, pues no se ha verificado la hipótesis de que date del siglo XV.

En 1868, Isabel II concedió el título de Conde de Campillos a Diego Chico de Guzmán y Figueroa, natural de Cehegín (Murcia) y se casó en este mismo año, con Emilia Chico de Guzmán y Belmonte, natural de Mota del Cuervo, hija de Joaquín Chico de Guzmán y Hurtado de Salcedo (Cehegín, 1780) y Mariana de Belmonte y Castellar (Belmonte, 1784).

También se sabe que los descendientes actuales guardan cierto parentesco con la Beata Maravillas de Jesús, fallecida en 1974 y cuyo nombre completo era: Maravillas Pidal y Chico de Guzmán.

Es un edificio de planta rectangular, de esquina y de dos alturas. Destaca por la composición simétrica de su fachada y por su escudo señorial. Tiene puerta adintelada con jambas asemejando pilastras dóricas y dintel de piedra con decoraciones; sobre ella y en el piso segundo, se abre un balcón enmarcado en piedra con alguna decoración. Sobre el eje de simetría se encuentra el escudo. También cuenta con una puerta de carruajes.

En su interior destaca el amplio patio central de estructura adintelada soportada por bellas columnas de piedra. A este espacio se asoman las principales dependencias del piso superior.

El escudo, cuartelado en cruz, representa posiblemente a más de un linaje o alianzas entre familias. Sobre el primer y segundo cuartel, en los que aparece respectivamente un castillo y una flor de lis, resalta la leyenda: “VERITAS VINCIT”. En el tercer cuartel, se representa un león rampante, que no sigue los cánones de la heráldica, ya que mira a la izquierda en vez de a la diestra. En el cuarto y último cuartel, un árbol. Este escudo está timbrado con casco colocado de perfil y rematado con penacho; por tanto, correspondería más bien a un señor o hidalgo, que a un conde, en cuyo caso aparecería terciado. Está adornado con lambrequines que bajan pegados a los flancos a modo de guirnaldas. Casa de Fray Alfonso Cano

El edificio está muy renovado, sigue siendo propiedad de los descendientes de los Condes de Campillos y no es visitable.

La casa de Fray Alfonso Cano, está situada en la calle Mayor Baja, número 20. De ella sólo se conserva el escudo obispal en la fachada, puesto que el edificio ha sido muy reformado, especialmente en los huecos.

Este ilustre trinitario nació en Mota del Cuervo el 23 de enero de 1711. Ocupó en su Orden varios cargos importantes. Llegó a ser Académico de la Historia y Obispo de Segorbe. Fundó varias escuelas primarias y costeó la construcción de muchas iglesias en pueblos que las necesitaban. Fomentó la agricultura y la industria y, sobre todo el arbolado, instituyendo premios por la plantación de olivos o árboles frutales.

Recogió entre las ruinas de Sagunto muchas monedas, que envió a la Real Academia de la Historia y al Arzobispo de Toledo para completar sus respectivos museos.


Escudo de la InquisiciónEscudo de la Inquisición. En la confluencia de la calle de la Iglesia con la de Manjavacas encontramos una casa en cuya fachada podemos observar un escudo conocido por el “Escudo de la Inquisición”.


Se ha barajado la posibilidad de que se tratara de la casa de un familiar de la Inquisición o persona que se nombraba en los pueblos, encargada de vigilar y denunciar posibles delitos para el Santo Oficio; o bien, que pudiera ser la sede de un tribunal. No obstante, aunque en el escudo aparecen los símbolos inquisitoriales, la fecha que aparece en la parte superior: 1438, nos dificulta su relación con el Tribunal de la Inquisición. A pesar de que en el Reino de Aragón ya estaba establecida esta institución desde hacía tiempo, en el Reino de Castilla las tentativas promovidas en diversas ocasiones para instaurar una Inquisición eclesiástica no habían cuajado y habría que esperar a 1478 para que, a solicitud de los Reyes Católicos se concediera por Bula papal el establecimiento de la Inquisición. Por tanto, es posible que en alguna restauración del edificio se transformase la fecha de 1478 en 1438, hipótesis que haría menos incongruente el marco barroco del escudo con la fecha del mismo.


Hospital de Pobres. Se encuentra situado en la calle del Hospital, a la altura del número 25 y tiene acceso también por la calle D. Sabino.


Tanto las Relaciones Topográficas de Felipe II (1575) como el Catastro de Ensenada dos siglos después, nos hablan de la existencia de dos hospitales: uno de Nuestra Señora, para los pobres mendigantes y vecinos de la villa, y otro denominado de San Sebastián, para hospedar a los clérigos y frailes que vienen mendigando.

El edificio pertenecía a la Orden de Santiago, y además de ofrecer asistencia sanitaria, servía de albergue para los transeúntes que cruzaban el pueblo y lo dirigía la cofradía de Nuestra Señora de la Asunción. En 1580 le fue concedida una Bula por el Papa Gregorio XIII (documento conservado en el Archivo Municipal hasta su extravío). Aún se conservan varias de las escrituras de censo a favor del hospital, de los siglos XVI al XVIII.

A principios del siglo XIX sufrió los ataques y saqueos de los franceses durante la Guerra de la Independencia, y posteriormente fueron desamortizadas sus tierras, aunque siguió funcionando como hospital hasta después de la Guerra Civil. Su estructura ha sufrido diversas modificaciones, y actualmente se utiliza de almacén municipal. Es patente el abandono en que se encuentra.

Es un edificio de planta rectangular entre medianeras y de dos alturas. La puerta de acceso es adintelada y tiene un campanil posterior de un ojo. Conserva en su interior una capilla renacentista, austera, con predominio de la línea horizontal y del arco de medio punto. Tiene una cúpula de media naranja con linterna y una cancela de madera original. También se conserva un fresco representando a Cristo crucificado que está en pésimo estado de conservación.


La Tercia - Vista Aérea
En la Plaza de la Tercia, como su propio nombre indica encontramos La Tercia, un edificio exento (sin edificios adosados), de planta rectangular y de grandes dimensiones, cuya función era almacenar el trigo procedente de los diezmos que se cobraba a los campesinos. Es pues característica de este tipo de edificios su finalidad fiscal contrapuesta a la asistencial que tenían los pósitos, entendidos como casas en que se guardaba una cantidad de trigo que servía de reserva para usarla en tiempo de carestía como consecuencia de las malas cosechas. Es frecuente utilizar estos dos términos como sinónimos.


La Tercia - FachadaSe fecha su construcción en el siglo XV. En el Catastro de Ensenada (1752) también se menciona la casa que llaman la Tercia que pertenece a la Mesa Maestral de la Orden de Santiago, del Partido de Quintanar y por consiguiente al Rey, por haberse convertido en el administrador de todos los bienes de la Orden.

La Tercia - InteriorA finales del siglo XIX aparece como casa-habitación. En 1931 era patente la falta de condiciones de habitabilidad, ya que varios vecinos del pueblo se quejan de que en la vivienda única existente en el edificio titulado "La Tercia" hay un estercolero en plena calle. El inquilino de la casa se justificaba diciendo que por no tener corral ni retrete donde verter los productos de la defecación echaba las inmundicias a la calle.

Actualmente, tras su compra en 1999, ha pasado a ser propiedad municipal y está declarado Bien de Interés Cultural.

La construcción es de mampostería con sillares en las esquinas y cubierta a cuatro aguas. La portada de acceso de arco de medio punto adovelado. Sobre la clave, escudo real bastante deteriorado y alfiz gótico isabelino. Destacan sus grandes y pesados contrafuertes paralelos y diagonales. La propia funcionalidad del edificio justifica la ausencia de vanos o ventanas.


Barrio de las Cantarerías. En el NE del casco urbano se encuentra el Barrio de las Cantarerías, llamado así porque desde tiempo inmemorial sus pobladores se han dedicado a la elaboración y comercialización de cántaros y demás enseres cerámicos. Ya en el siglo XV hay constancia documental de la importancia de este oficio; en la visita de la Orden de Santiago que data de 1478 se afirma que "la Alcaidía tiene el diezmo de los cántaros".


El origen más probable del barrio se remonta a la época de los mudéjares, ya que tanto la estructura urbanística del barrio como la morfología de las piezas y los procedimientos empleados en su elaboración son típicamente árabes. No obstante, no hay documentación que atestigüe esta hipótesis. Sin embargo, sí se conocen los catorce procesos contra moriscos (mudéjares bautizados) de Mota durante el último tercio del siglo XVI. Sería interesante saber si se dedicaban al oficio de alfarero.

En las Relaciones de Felipe II (1575) no encontramos mención alguna relacionada con la alfarería o los hornos de cocer cántaros. Es en el Catastro de Ensenada (1752) donde se recoge que la Mesa Maestral del Partido de Quintanar percibe el diezmo de tenajas para agua (de cada diez una). A su vez, la Alcaidía sigue percibiendo, como en el siglo XV, el diezmo de cántaros y demás piezas de alfarería que se fabrican en esta villa (a excepción de las tenajas sin asa para agua).

A mitad del siglo XVIII había en esta localidad cuatro hornos para cocer cántaros, aunque uno no servía por estar a punto de arruinarse. Y entre las ocupaciones de artes mecánicas que hay en el pueblo, destacan con diferencia los alfareros con un total de 53, de los cuales: 23 son maestros, 33 oficiales y ningún aprendiz. Le siguen en número los pelaires (28), los zapateros (16) y los sastres (12). Esta predominancia se mantendrá en el siglo XIX como consta en los registros de Cédulas de vecindad.

En 1854 el Barrio de las Cantarerías estuvo a punto de desaparecer por completo debido a la epidemia de cólera-morbo que hubo en La Mota.

La singularidad de la alfarería moteña le viene dada porque ha sido tarea exclusivamente femenina. Las mujeres preparaban y elaboraban las piezas, mientras los hombres eran los encargados de sacar el barro de los barreros y transportarlo al alfar, preparar la barda o combustible para el horno, llevar las piezas al horno para cocerlas y vender el producto fuera de la localidad. Curiosamente, las cantareras de Mota no tenían alfar, por lo que trabajan en alguna estancia de la vivienda acondicionada para ello.

En los años treinta y cuarenta había siete hornos que cocían cada uno con una periodicidad semanal, al menos en la época de trabajo, que siempre ha sido desde la siembra hasta la cosecha. La tarea de "enhornar" o cargar un horno es un verdadero arte, pues el rendimiento económico de todo el proceso depende, en gran medida, de la cantidad de piezas que pueden introducirse en el horno. Por ello, existen auténticos especialistas horneros, que siempre han sido muy buscados y su tarea muy reconocida.

El centro neurálgico del Barrio es la Plaza de la Cruz Verde, en la que se encuentra el Monumento a la Cantarera y el único horno existente en la actualidad. De esta plaza parten las calles donde tradicionalmente han vivido los cantareros, entre las que se encuentra la de las Cuevas, posiblemente por la abundancia de éstas.

 

 


Este patrimonio lo constituye el conjunto de edificios de carácter religioso tales como iglesias, ermitas, monasterios o conventos.


Uno de los cometidos más importantes de los visitadores de la Orden de Santiago consistía en conocer la situación de las iglesias. Por ello, a través de las páginas de las Visitas tenemos muchos datos sobre ellas y su funcionamiento en más de un siglo. Hay tres épocas claramente distintas: a finales del siglo XV, tras la repoblación, las iglesias están en ruinas. A principios del XVI comienza un periodo de nuevas construcciones en la mayoría de los pueblos; finalmente, en los inicios del siglo XVII las iglesias se pueden dar por acabadas y sólo quedan algunas obras de mejora y reparación.

Las devociones también se describen ocasionalmente, y ejemplo de ello lo encontramos en la atracción que en la comarca despierta la Ermita de Manjavacas, que había conseguido antes de 1498 una Bula de perdones: “Tiene la dicha ermita (San Pedro de Manjavacas) una Bula de perdones que se ganó agora nuevamente de los Cardenales de Roma, para los que hicieran limosna para la dicha hermita e por devoción los vecinos de ciertos lugares comarcanos vienen a la dicha hermita algunas fiestas donde se facen mandas y limosnas”.

En un contexto cultural rural, la necesidad de ser protegidos contra epidemias, plagas del campo y otros accidentes atmosféricos, hizo que los pueblos venerasen, hiciesen votos y levantasen ermitas a determinados santos. San Sebastián, abogado contra la peste, es el más apreciado en todo el priorato. Estuvo muy extendido también el culto a Santa Ana, la madre de la Virgen María.

En algunos pueblos tuvieron especial devoción a San Gregorio Nacianceno, al que consideraron protector contra gusanos y otras plagas del campo. Mota del Cuervo guardaba su fiesta “por langosta”. Dimas Pérez afirma que llama la atención el que estos pueblos solicitasen del gran doctor de la Iglesia San Gregorio Nacianceno estos auxilios, cuando es otro San Gregorio, el Ostiense, el que en realidad se consideraba como abogado contra estos males del campo. Pudo haber confusión entre ambos santos, cuyas fiestas en el calendario eclesiástico se celebran el mismo día, el 9 de mayo.

Relación de edificios:
- Iglesia parroquial San Miguel Arcángel
- Ermita de San Sebastián (“El Santo”)
- Ermita de Santa Ana
- Ermita de Santa Rita
- Ermita de Nuestra Señora de Manjavacas
- Ermita de Nuestra Señora del Valle
- Convento de Trinitarios


Iglesia Parroquial de San Miguel Arcángel

Iglesia de San MiguelEn la calle de la Iglesia se encuentra la Iglesia parroquial dedicada a San Miguel Arcángel, cuya festividad celebra esta villa el día 8 de mayo.

Iniciada en el siglo XV, su construcción se prolongó durante los siglos XVI y XVII. La visita de la Orden de Santiago, fechada en 1494, es muy ilustrativa para conocer el estado en que se encontraba a finales del siglo XV: “Mandaron los visitadores al mayordomo de la dicha iglesia que faga cobrir la torre de las campanas con su madera e teja como conviene... que el arco toral que está junto con la capilla mayor se corte ... de manera que se pueda ver el altar mayor desde el cuerpo de la iglesia. Lo qual le mandaron que faga dentro deste año” .
En 1537 continúan las obras, y se manda que se haga un repartimiento vecinal para que se terminen de enlucir las capillas y las bóvedas.

Iglesia de San Miguel - Acceso NorteEs una iglesia de tres naves, cada una de tres tramos, siendo iguales las dos colaterales y algo más angostas que la central. Coro en los pies y ábside con dos capillas en el cabecero. La fábrica es de mampostería con sillares en las esquinas y enmarcando las ventanas rectangulares en el cuerpo central y circulares en la cabecera. La torre situada en el piecero es de planta cuadrada y dividida en dos tramos separados por cornisa.

Hay dos portadas de acceso, una al norte (plateresca) cobijada por dos grandes contrafuertes con arco de medio punto flanqueado por columnas pareadas de orden corintio sobre plinto, rematando un entablamento corrido y coronado por una gran venera con pináculos moldurados a los lados. En la portada aparecen los símbolos de la Orden de Santiago. La portada sur o “del Sol” es más sobria, en estilo dórico con frontón y bolas típicas herrerianas. Delante de ella encontramos lo que llaman “el pretil” de la Puerta del Sol, una especie de cercado con fuerte antepecho con bolos repartidos en igual distancia; se labró, según noticias, hacia 1616.

Iglesia de San Miguel - Acceso SurLos tramos de las naves se cubren alternando bóvedas de crucería, de pañuelo y de arista. La cubierta del crucero es una cúpula sobre pechinas. Mediante un arco toral se accede al ábside y a través de un arco de medio punto con impostas resaltadas se une a sus dos capillas laterales, cubiertas con cúpulas sobre pechinas.

Las columnas tienen pilastras adosadas excepto las del coro que son nervadas y las del arco triunfal de acceso al ábside que tienen diseños barrocos. El coro está elevado formando un pórtico de tres arcos, el central más ancho, con arco carpanel y los laterales con arcos rebajados, cuyo intradós se decora con un motivo helicoidal a modo de soga que denota una clara influencia del gótico levantino del siglo XV. El alfarje que lo cubre es de interés.
Cuenta con varias capillas, entre las que se encuentra la Capilla del Bautismo, con bóveda rebajada, la Capilla del Santísimo, de mampostería de sillares en las esquinas y de planta poligonal, la Capilla de la Soledad con bóveda de lunetos, la Capilla de Jesús Nazareno y la Capilla del Cristo de la Columna.

Los altares y retablos son de Santiago Lara. Destacan las imágenes de talla de San Miguel, La Piedad, Jesús Nazareno con la cruz a cuestas, Jesús Yacente y un crucifijo de tamaño natural.

En la Sacristía resalta su buena cajonería para los ornamentos litúrgicos.

La Iglesia se restauró en 1974 y fue declarada Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento en 1990.


Ermita de San Sebastián


Ermita de San SebastiánPopularmente conocida como Ermita “del Santo”, la encontramos dentro del casco urbano, en la calle Mayor Alta, entre las calles de San Sebastián y El Santo.

Sobre el origen de esta ermita se dice que inicialmente fue una venta propiedad de un tal Juan Maese Ambrosio Sánchez Gómez, cuya hija enfermó. El padre pidió a la Virgen su curación, prometiendo donar la venta para construir una iglesia. Así fue, y durante el siglo XVI el edificio fue reconstruido.

Se menciona en las Relaciones de Felipe II (1575) entre las ermitas señaladas, y bajo el mismo título, como hospital para hospedar a los clérigos y frailes que vengan mendigando. Se afirma que este hospital estaba bajo el amparo del concejo y lo dejó para este efecto un vecino llamado Juan Martínez del Cojo.

Fuentes documentales nos aportan nuevos datos sobre esta ermita, como que en 1567 fue necesario vender la yerba de las dehesas para construirla y que en 1588 aún no se había concluido su construcción.

Las últimas investigaciones nos hacen considerar incongruente que un edificio fuese a la vez ermita y hospital, teniendo en cuenta las características arquitectónicas que cada edificio requiere y las que presenta la dicha ermita. Puede que el hospital, aunque estuviese bajo la misma advocación que la ermita, estuviese ubicado en otro lugar. Es más probable que el denominado Convento del Verdinal no fuese tal convento, sino precisamente el Hospital del “Señor San Sebastián”.

La planta es de cruz latina con ábside de tres lados y coro elevado en los pies. Fábrica de mampostería con sillares en las esquinas y gruesos contrafuertes en el exterior. Tiene dos portadas: la del Mediodía con arco de medio punto adovelado y enmarcado con pilastras que arrancan a la altura de las impostas del arco y sujetan un entablamento. Sobre éste, y en el eje de simetría, se apoya una hornacina de concha con dentículos, enmarcada a su vez por pilastras de fuste estriado sobre pedestal, sujetando un entablamento con triglifos y cornisa denticulada. La portada del piecero es semejante a la anterior: un arco de medio punto, adovelado, enmarcado por marbetes o pilastras que arrancan a la altura de las impostas y sujetan entablamento y cornisa. Sobre el eje de simetría, óculo redondo.

Está cubierta de madera en el cuerpo de la nave, aunque originariamente contaba con un artesonado mudéjar. Ambas gualderas o maderos principales del armazón descansan en el extradós de los arcos, de los que se conservan sin coberturas el que da paso al presbiterio, que es de sillería y está montado sobre finas columnas cilíndricas. En el coro quedan las vigas cuadrales.

La capilla mayor, de forma hexagonal irregular, tenía techumbre de lacería, pero sólo se conserva la tablazón que sirvió de soporte. El friso, que recorre todo el perímetro de la ermita, está decorado con talla de espejos y círculos radiales, enmarcados por moldura de palmetas en la parte superior, y cuerda y dentículos en la inferior.
A principios de los años cincuenta se llevó a cabo la restauración del edificio.


Ermita de Santa Ana


Pocos datos hay sobre esta Ermita; sin embargo, se sabe que ya estaba construida en el último tercio del siglo XVI.

La planta es de cruz latina y tras el cabecero se encuentra la sacristía. Se cubre con bóveda de cañón con lunetos y el crucero con cúpula de media naranja sobre pechinas. En su exterior se aprecia todo un conjunto de volúmenes escalonados tradicionales en la arquitectura de la Mancha. Tiene campanil sobre la puerta principal de acceso. En uno de sus laterales se ha añadido un humilladero moderno dedicado a San Cristóbal.


Ermita de Santa Rita

Ermita de Santa RitaEstá situada en la Plaza de Francisco Ruiz Jarabo, entre las escuelas públicas.

Es una ermita moderna que se construyó en los años cincuenta, al igual que el Barrio del mismo nombre. Tiene planta de salón y la cubierta es de madera. La entrada de arco de medio punto está precedida por un pórtico de tres arcos de medio punto, siendo el central más ancho que los laterales.


Ermita de Ntra. Sra. de Manjavacas

En el siglo XIII, Manjavacas era un lugar relevante de la zona. Por causas de salubridad, sus vecinos se fueron trasladando paulatinamente a las localidades próximas, y en su gran mayoría se dirigieron a La Mota.

A finales del siglo XV Manjavacas era un despoblado dependiente de Mota y de la Encomienda de la Torre de Vejezate, en el que no quedaba vecino alguno. No obstante, se mantenía el portazgo que tenía dicha Encomienda y dos ermitas: San Pedro y Santa María la Vieja o también llamada Nuestra Señora de la Antigua, de menor importancia.

En 1498, los visitadores de la Orden de Santiago describen la ermita de San Pedro y recuerdan que “tiene una bula de perdones que se ganó de los cardenales de Roma para los que hicieren limosna para la dicha hermita e por devoción los vecinos e ciertos lugares comarcanos vienen a la dicha hermita a algunas fiestas donde se hacen mandas y limosnas”.
Ambas ermitas seguían en pie en 1537, y sabemos que en la de Nuestra Señora de la Antigua había una imagen de la Virgen, metida en un tabernáculo. En esta fecha se manda a los mayordomos de las dos ermitas que hagan ciertas reparaciones.

Ermita de ManjavacasPero la Ermita actual de Manjavacas, no se corresponde con aquellas de antaño. Se construyó posiblemente a principios del siglo XVII, en la Carretera de las Mesas, y a siete kilómetros exactos de Mota, en un pequeño promontorio, donde convergen los caminos Senda de Santa María y Carril de los Valencianos. El Papa Paulo V concedió una Bula a esta nueva ermita el 9 de enero de 1612. Puede considerarse que en esta Ermita “moderna” se aunaron los fervores de los que gozaban las dos anteriores ubicadas en Manjavacas (la Bula de perdones y la imagen de Nuestra Señora de la Antigua).

En las Relaciones de Felipe II (1575) se mencionan las ermitas de San Pedro y la de Nuestra Señora de Manjavacas, pero sin duda se refería a las ya existentes, cuyo origen podría remontarse incluso al siglo XIII o XIV.

En 1663 se constituye una Cofradía bajo la advocación de Nuestra Señora en el misterio de la Anunciación. En sus Constituciones, recuerdan la veneración que se tenía a la Santísima Imagen de la Antigua en la villa de Manjavacas antes de su traslado a La Mota. A través de las cuentas de la dicha Hermandad se sabe que en 1763 se colocó el retablo y en 1770 se iniciaron algunas obras de restauración en la ermita.

Es un edificio típico del Neoclásico. La planta es de cruz latina, con brazos muy cortos, ábside cuadrado y coro elevado a los pies. Está cubierta con bóveda de cañón con fajones y lunetos en nave, ábside y brazos. El crucero se cubre con cúpula de media naranja sobre pechinas decoradas con medallones que representan a los Evangelistas. Tiene decoración barroca en el tambor, cúpula, intradós de los fajones y pilastras adosadas. Altares en ábside y brazos. Tras el cabecero se encuentra el camarín de la Virgen cubierto con cúpula de media naranja rebajada sobre pechinas.

Dos portadas nobles y sencillas en la parte central de los muros del mediodía y del norte. La puerta norte está precedida por pórtico cubierto practicado por tres arcos de piedra. En la puerta sur tiene otro pórtico más rudimentario de seis arcos, cinco de frente y uno de acceso.

En su interior destacan tres altares realizados por Santiago Lara, que hizo la decoración y restauración de toda la Iglesia en 1942, con filetes dorados en la moldura de la cornisa, cercos y colgantes pendientes de cabezas aladas en los fustes de las pilastras.
El altar mayor es de líneas neoclásicas con hornacina central para la imagen de la Virgen, con vidriera al fondo, practicable hacia el camarín. Ático de arco rebajado con relieve de la Asunción. La primitiva imagen de Nuestra Señora de Manjavacas fue destruida durante la guerra civil española. La actual es de buena talla, de 165 cm. de altura, con el niño sentado en la mano izquierda, y se trajo de Valencia en 1940.

En 1968 se realizaron las últimas obras de restauración en la ermita. Se hicieron mejoras en el altar, la pintura y el decorado interior de la ermita.

Las fiestas patronales o la “Traída y la Llevada de la Virgen” están declaradas de Interés Turístico desde 1977. La tradición consiste en traer a la Virgen en hombros y corriendo desde la Ermita a la villa (7 kms.) el primer domingo de agosto, para volverla a llevar del mismo modo dos semanas después.


Ermita de Ntra. Sra. del Valle

Fuera del casco urbano y a un kilómetro de distancia siguiendo por la Carretera de Los Hinojosos, encontramos la desviación que nos lleva a la Ermita del Valle.

En las Relaciones de Felipe II (1575) esta Ermita se menciona, junto con otras cinco, como una de las señaladas del lugar. En 1603 los visitadores de la Orden de Santiago nos describen la Ermita de esta manera: “Visitaron la hermita que está como un quarto de la dicha villa camino de Villamayor, entre unas quebradas, y está la dicha hermita debajo de tierra, el uno de los cuerpos della, es pequeña. Y tiene la imagen de Ntra. Sra., de bulto, con un Niño Jesús en los brazos, en un tabernáculo dorado todo y el altar y testero de azulejos, y a un lado tiene una capillita y a otro un cajón con los ornamentos y antes de la entrada un portalico”.

La Ermita del Valle guarda una estrecha relación con los cantareros. El barro utilizado por ellos siempre se ha extraído de los barreros del Valle y de la casa de las Burracas, situados muy cerca de la ermita, a unos 2 kms. del pueblo. Según la tradición la Virgen se apareció a un cantarero mientras picaba en el barrero y San Agustín acudió para saciar su sed. De esta manera se convirtieron en los patrones de los cantareros y del Barrio de las Cantarerías.

En 1675, según las Constituciones de la Cofradía de la Virgen del Valle, se exigía la condición de ser cantarero (incluso también los padres) para poder ser Alcalde o Mayordomo de la Cofradía. En este mismo año fue concedida Bula por el Papa Paulo V en la que concede indulgencias por visitar la Ermita del Valle.

Era costumbre que hubiera un postulante en la ermita que recogiera las ofrendas que hacían los fieles a la Virgen, y a finales del siglo XIX, la Corporación municipal decidió nombrar para tal concepto a Santiago López Villaescusa, para lo cual habitaría constantemente en la ermita.


En los años noventa se realizaron algunas obras de restauración: cambio de las cubiertas, limpieza de la piedra de las fachadas, dejando todo el exterior sin enlucir. También se construyeron acerados alrededor de la ermita.

Recientemente se han restaurado dos óleos de esta ermita, que representan el Milagro de la lactancia de San Bernardo (S. XVIII), y un Calvario, obra de Juan de la Fuente (S. XVII).

Las fiestas en honor de San Agustín y Nuestra Señora del Valle, se celebran a finales de agosto, coincidiendo con el día de San Agustín. Se inician con la traída a la carrera de las imágenes de la Virgen y San Agustín desde la Ermita del Valle a la Ermita de San Sebastián, para volverlos a llevar del mismo modo pasados quince días.

 


Convento del Verdinal

Está ubicado en la Plaza Verdinal.

Aunque se afirma que es un antiguo Convento de Trinitarios que data de los siglos XVI-XVIII y que incluso Cervantes estuvo allí algún tiempo, las fuentes documentales de los siglos XVI y XVIII niegan la existencia en esta villa de convento alguno. No obstante, llama la atención que en 1752 hubiera en Mota, además del cura párroco, veintidós clérigos: dieciocho sacerdotes, dos de Evangelio y dos Ordenados Menores.

Las últimas investigaciones nos hacen albergar la hipótesis de que este edificio no era un convento, sino más bien un hospital, posiblemente el que se cita en las Relaciones de Felipe II y en el Catastro de Ensenada, como Hospital de San Sebastián y cuyo fin era hospedar a los clérigos y frailes forasteros que venían mendigando. Por tanto, nada tendría que ver con la ermita de la misma advocación. Esta teoría se consolida gracias a las tres cruces de Malta que aparecen en la fachada de este edificio, y la vinculación que tiene dicha cruz con la asistencia hospitalaria. No queremos decir que la Orden de los Hospitalarios o Caballeros de Malta, cuyo distintivo era esta cruz de ocho puntas, tuviera una sede en Mota, simplemente que se utilizó el símbolo que representaba el carácter asistencial de esta Orden. No es de extrañar que la íntima relación eclesiástica que tenía este edificio le haya llevado a identificarlo con un convento.

Es un edificio entre medianeras de planta rectangular, con dos alturas y torre de dos cuerpos sobre la portada que está situada a la derecha. Su estructura está muy alterada tras la transformación en dos viviendas particulares. La fábrica es de sillarejo y el último cuerpo de la torre está enfoscado. Tiene una distribución irregular de huecos y sólo se conserva de la fachada original la entrada principal, la puerta de caballerizas y algunas ventanas. La portada en esquina es adintelada y está enmarcada por moldura mixtilínea, entablamento y cornisa; en la clave y dentro de un círculo, una cruz de Malta. Destaca también una de las ventanas enmarcada por moldura de bocel que sobre el eje de simetría hace un semicírculo, bajo el cual hay una pieza cuyo deterioro impide identificar. Sobre la moldura, una cruz de Malta a cada lado.

En la parte izquierda de la fachada y abarcando los dos pisos, un gran portalón de caballería de arco de medio punto adovelado, con enjutas resaltadas y decorando la clave, un león en posición heráldica.

Algunos autores afirman que el territorio que actualmente ocupa Mota del Cuervo estuvo habitado desde tiempos muy remotos y toman como prueba de ello los vestigios arqueológicos hallados en parajes como El Zagarrón o El Castellar. Es a partir de la Reconquista y sobre todo tras la repoblación de la zona por parte de la Orden Militar de Santiago, cuando se puede hacer un seguimiento algo más lineal de la historia de Mota del Cuervo.

La victoria de las Navas de Tolosa en 1212, fue el punto de partida para la ampliación del dominio santiaguista hacia Sierra Morena, y al mediar el siglo XIII ya estaba hecha la población fundamental de la Mancha, dispersa y repartida entre los tres grandes señoríos de las Órdenes Militares.

En 1243, fecha de la sentencia del pleito seguido entre Alcaraz y la Orden de Santiago por el control de la Mancha, se nombra a Manjavacas y El Cuervo. De momento se desconoce si este lugar fue anterior o contemporáneo a La Mota y si quedaron fusionados en un momento dado. Un siglo después, cuando el Maestre Don Fadrique constituyó el llamado “Común de la Mancha”, es decir, una asociación entre pueblos de una misma jurisdicción con fines ganaderos y fiscales, se seguía mencionando El Cuervo.

Antiguamente ya se pensaba que La Mota había sido una aldea de la vecina Manjavacas, villa desde la que muchos vecinos se trasladaron debido al continuo estado de enfermedad en que vivían, hasta que quedó despoblada. Este despoblamiento ocurrió al mediar el siglo XIV, posiblemente coincidiendo con el avance de la peste negra.

En 1394 ya aparece el nombre de “La Mota” en un privilegio de confirmación de propiedad sobre ciertos montes. Y pocos años más tarde, en 1416, se le concede fuero.

Para el período del dominio santiaguista contamos con una fuente documental fundamental que nos permite conocer la evolución de los pueblos de la Mancha a finales de la Edad Media. Hablamos de los Libros de Visitas de la Orden de Santiago. Estos libros se conservaron en Uclés, hasta que pasaron al Archivo Histórico Nacional, y cubren un periodo desde 1468 hasta 1606. Las visitas de los primeros años recogen el estado de abandono y depauperación que había en la época inmediatamente anterior. En estos libros se anotaba el informe detallado de la visita realizada a los lugares, edificios y bienes de la Orden.

La labor de los Reyes Católicos como Administradores perpetuos de los bienes de la Orden, puede ser calificada de una verdadera reconstrucción de la Mancha santiaguista en todos los aspectos. En primer lugar, intentaron acabar con el arraigado sentido feudal que el territorio tenía, manifestado en el empeño que ponían los visitadores en reconstruir las murallas caídas o las viejas fortalezas de la Orden. A finales del siglo XV nos encontramos con la fortaleza de la Mota, que está en el centro de la dicha villa, derrocada por el propio concejo y por mandato del marqués de Villena. Durante su reinado también se reanima el proceso poblacional; un aumento que viene acompañado por un fenómeno de concentración urbana -iniciado por los santiaguistas- en escogidos y potenciados núcleos de población que acaban con un asentamiento primitivo. En Mota se va a pasar de 190 vecinos en 1494 a 209 en 1511. A partir de esta fecha se rompe el estancamiento y la población crece continuamente: se llega a 500 vecinos en 1575, para alcanzar 850 en 1752. No obstante, los datos poblacionales varían según los autores.

Otro aspecto de la obra de los Reyes Católicos es el aumento y la eficacia en la construcción de iglesias y otros edificios. A partir de 1507 se comienzan a fundar hospitales para pobres.

En 1542, según Provisión de Carlos I y conservada en el Archivo Municipal ya aparece completo el nombre de “La Mota El Quervo”. Gracias a las llamadas Relaciones Topográficas de Felipe II (1575) contamos con una fuente de gran valor para conocer la situación económica y social en este periodo: los habitantes eran en su mayoría pobres, trabajadores “que ganan de comer con sus brazos”, las casas eran bajas y pequeñas hechas de tierra y piedra. Había diez casas de hidalgos. En esta época pertenecía al Reino de Toledo y para los pleitos en grado de apelación recurrían a la Chancillería de Granada. También estaban bajo la jurisdicción del Prior de Uclés, por ser territorio de la Orden de Santiago.

El 19 de marzo de 1614, el Rey Felipe IV concede a La Mota el privilegio de villazgo y jurisdicción en primera instancia.

A mitad del siglo XVIII, el Catastro de Ensenada, aunque realizado con fines fiscales, se convierte en una de las fuentes más ricas para conocer los pueblos de Castilla. De Mota sabemos, entre otras cosas, que contaba con 850 vecinos, 100 pobres de solemnidad, 15 molinos de viento, 3 hornos de cocer cántaros, 1 pozo de nieve, ninguna taberna, 3 mesones, 2 hospitales y que la patrona de la villa era Nuestra Señora de la Concepción y sus abogados los Arcángeles San Miguel y San Rafael.

Ya en el siglo XIX, y tras la reorganización provincial de Javier de Burgos en 1833, Mota del Cuervo deja de pertenecer a Toledo, para ser incluida dentro de la provincia de Cuenca. En esta época seguía siendo un pueblo eminentemente agrícola, pero seguía caracterizándose por su actividad alfarera. Desde entonces, esta villa manchega ha continuado un devenir histórico sin grandes acontecimientos que destacar, que la han situado dentro de los principales pueblos de la provincia conquense. Todo ello gracias a factores propios de la forma de ser de los moteños, como a factores físicos: situación geográfica estratégica, tierras de calidad, etc.

Desde el punto de vista turístico, fueron los años sesenta y setenta, a pesar del declive demográfico, los de mayor auge. Se reconstruyeron los Molinos de Viento y se cedieron a distintas embajadas, adquirió la denominación geoturística de “Balcón de la Mancha” y ganó durante dos años consecutivos el primer premio en los Concursos Provinciales de Embellecimiento y Mejora de los pueblos. También sus fiestas patronales, la “Traída y la Llevada de la Virgen”, fueron declaradas de Interés Turístico.

banner ayto

banner transparencia

sede electronica

banner tablonedictos

perfilcontratante banner

banner grupos municipales

banner universidadpopular

banner turismo

banner buzon

banner artesania

banner asociacionceramica

SÍGUENOS