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Situado en el corazón del Barrio de las Cantarerías de Mota del Cuervo, antiguo barrio de origen mudéjar, el Museo de Alfarería abrió sus puertas en agosto de 2009. Es un edificio moderno de dos plantas, que alberga una colección de piezas de alfarería tradicional moteña, fotografías, paneles explicativos  y otros elementos relacionados con la actividad alfarera.

 

El origen más probable del barrio se remonta a la época de los mudéjares (población musulmana que seguía viviendo en territorios cristianos tras la conquista, bajo determinadas condiciones), ya que tanto la estructura urbanística del barrio como la morfología de las piezas y los procedimientos empleados en su elaboración son típicamente árabes. No obstante, no hay documentación que atestigüe esta hipótesis. Sin embargo, sí se conocen los catorce procesos que la Inquisición llevó a cabo contra moriscos (mudéjares bautizados) de Mota del Cuervo durante el último tercio del siglo XVI, y es probable que desempeñaran este oficio de alfareros.

 

Por otra parte, el Museo se sitúa en la Plaza de la Cruz Verde, siendo ésta símbolo de la Inquisición.

 

Los llamados “autos de fe” fueron una manifestación pública de la Inquisición. Si la sentencia era condenatoria, implicaba que el condenado debía participar en la ceremonia así llamada, que solemnizaba su retorno al seno de la Iglesia (en la mayor parte de los casos), o su castigo como hereje impenitente. Los autos solían realizarse en un espacio público de grandes dimensiones (en la plaza mayor de la ciudad, frecuentemente), generalmente en días festivos. Los rituales relacionados con el auto empezaban ya la noche anterior (la llamada "procesión de la Cruz Verde") y duraban a veces el día entero

 

Tanto la estructura urbanística del barrio como la morfología de las piezas y los procedimientos empleados en su elaboración son típicamente árabes. Ya en el siglo XV se tiene constancia documental de que “la Alcaidía percibía el diezmo de cántaros y demás piezas de alfarería que se fabrican en esta villa”.

 

La singularidad de la alfarería moteña le viene dada porque ha sido siempre tarea exclusivamente femenina. Las mujeres preparaban y elaboraban las piezas, sobretodo cántaros para agua y otras bebidas (de ahí el nombre de cantareras), mientras los hombres eran los encargados de sacar el barro de los barreros y transportarlo a la casa, preparar la barda o combustible para el horno, llevar las piezas al horno para cocerlas y vender el producto fuera de la localidad.

Otra peculiaridad es que en Mota del Cuervo no ha habido locales especiales para los alfares. Estaban ubicados en las propias viviendas de las cantareras, que aprovechaban las diferentes estancias de la casa para su trabajo: la cocina, en invierno; y los porches y portales, en verano.

 

Cuando el número de cantareras era mayor, había varios hornos propiedad de particulares, que siempre tuvieron uso comunitario. Esta característica hizo que la alfarería de Mota del Cuervo desarrollara todo un sistema de medidas y numeración y de señales particulares para el reconocimiento de las respectivas piezas.

 

Hoy sólo queda el Horno alfarero de “la Conce”, junto al Museo de Alfarería, actualmente propiedad del Ayuntamiento, y que realiza la cocción tradicional de las piezas una vez al año, a finales de agosto.


 

 

 

 

 

 

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